Cuando se viaja, una de las cosas que más incordian es hacer la maleta y luego deshacerla. ¿Pero qué pasa cuando llegas a un país que no es el tuyo con equipaje para 3 meses y no tienes listo tu “lugar”? Pues eso es lo que me ha pasado a mi.
Justo antes de llegar me dijero que ya tenía piso asignado, pero que no podría entrar en él hasta el día 25 de septiembre. La solución es sencilla: hoteles. Desde mi llegada hasta el día de la entrega de llaves tendría la oportunidad de disfrutar del sistema hotelero sueco. Además, doblemente. Cuatro días en el éxotico Zinkensdamm y 4 más en la lujosísima zona (esta vez sin ironía) de Östermalm, al ladito de Karlaplan.
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Dos rinconcitos de Östermalm, en los alrededores de mi segund hotel
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Las habitaciones, pequeñitas según la mejor tradición sueca, no dejaban mucho sitio para experimentos; así que la maleta a medio deshacer en medio, la bolsa del portátil incordiando y poco sitio para moverse. Lo bueno es que en los dos hoteles conseguí acceso a internet, lo cual es de agredecer.
Y finalmente, llegué al apartamento…. Justo donde había estado en 2006, pero esta vez era mío…. el sitio me encanta, justo en frente del lago Mälaren. Es pequeñito, pero servirá. De momento llevo poco aquí, pero ya he puesto el toque básico para que esto sea un hogar: la foto de Helena, mi ahijada. ¡¡Un besito, cariño!!












